Cómo funciona
Del código a la voz, sin nada que instalar.
Quien visita no descarga una aplicación y no se registra. Abre una dirección, escribe un código, y la experiencia es suya mientras dura la visita.
Para quien visita
Tres pasos.
Un código, o un QR
Llega con la entrada, con el vóucher, o lo entrega el personal en el acceso. No hay ninguna cuenta que crear: el código es el permiso.
Se la lleva consigo
Un toque y la experiencia vive en el móvil: audio, textos e imágenes. A partir de ahí la conexión ya no hace falta, y eso cuenta bajo tierra, dentro de una basílica, en medio de un yacimiento.
Se camina
Las paradas se siguen al propio ritmo, en el propio idioma, con los mandos al alcance del pulgar. Se puede parar, retomar, y volver al día siguiente desde donde se había quedado.
Para el lugar
Lo que hace falta por vuestra parte es poco, y no es técnico.
Hace falta el contenido — lo que queréis que la gente escuche — y la forma en que hoy vendéis o entregáis la entrada. El resto lo ponemos nosotros: la grabación de las voces, los idiomas, las imágenes, la conexión con vuestro sistema de venta, los códigos.
No hay hardware que comprar, no hay aparatos que higienizar al final del día, y no hay cola en el mostrador de las audioguías.
Cuántos móviles
Un código vale para cuantas personas sean.
- Una reserva de cuatro personas abre en cuatro móviles a la vez.
- Si el personal tiene que conceder un número distinto — un grupo escolar, un grupo, un invitado — ese número manda.
- El móvil de más no se rechaza: se le pregunta si quiere trasladar ahí la experiencia. Es una invitación, no una cerradura.
Hablémoslo
Si tenéis un lugar que contar, escribidnos.
Contadnos dónde estáis, cuántos idiomas necesitáis y en cuánto tiempo querríais empezar. Responde una persona, no un formulario.